lunes, 8 de abril de 2013

Bring Yourself Back, My Little



Existes en ese pequeño espacio en mi mente, el lugar que le dedico a mis pasatiempos  pasados de moda y a los momentos de extraña pero divertida soledad.

Pequeña, aún crees que el cielo se caerá y que si lo miras por mucho tiempo parpadeando rápido obtendrás chispitas de colores decorando el contorno de las nubes.


Aún dibujas en los bordes de los cuadernos viejos, y encuentras tácticas secretas para hacer los ojos como los quisieras tener tú. ¿Quién te enseñó a hacer películas caseras con hojas de papel? Descubriste la medida perfecta entre fantasía y fantástico, y la gozaste hasta quedar exhausta. Tal vez fue cuando dejaste los trazos y las convertiste en palabras, y ahí donde quedó aquel cuaderno de historias tuyas, se quedó un pedazo eterno de vocación.


Tengo la tierra en tu cabello que no saldrá con facilidad y la quemadura de tu pie me acompañará toda la vida, pero nada me importa menos. 

Eres feliz en mis recuerdos.  


Aun esperabas que por las noches, el sonido de los autos en algún momento fueran gruñidos de dinosaurios en busca de ti y los tuyos, ideabas métodos infalibles de escape para salvarlos a todos, en especial al nomio que dormía a tu lado, ese oso feo, amarillo y azul, que ya no tenía un ojo, se le salía el relleno y al que jamás dejabas dormir destapado por si es que al igual que tú, sentía frio.


Ya no te escapas como antes a vivir romances de almohada, aunque aún imaginas universos cada que el silencio se vuelve obligatorio.   


Lloras como sirena de ambulancia y no eres del todo adorable, pero el sentimiento te brotaba desde el alma y desde rodillas raspadas. Pensabas que morirías a causa de un meteorito colisionador, y lo único que colisionó fue el momento en el que el rojo llegó y tú y yo tuvimos que decirnos adiós.


Espero encontrarte nuevamente en futuras generaciones, no me dejes olvidarte.